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Segundo primer día

  • Writer: Maria Jose Mora Silva
    Maria Jose Mora Silva
  • Jan 28, 2025
  • 5 min read

Updated: Feb 11, 2025



Primer miércoles en la universidad, segunda clase del día y segundo primer día como alumna del profe Cobos. Tras una nueva y gratificante experiencia cursando Teorías de la Comunicación III, no dude en seguir los consejos de sus ex-alumnos e inscribir esta materia con él.


Dos horas antes de la clase ya me encontraba en el edificio Atelier; estaba tomando una sesión virtual de Core III (únicamente por esta ocasión, pues desde el siguiente miércoles, tendré que acostumbrarme a correr una maratón desde el Ad 404 hasta Atelier 206). Ingresé al aula vacía, que poco a poco fue cobrando vida gracias al resto de mis compañeros, quiénes a su vez me dejaron muy en claro que la clase 2918 de Investigación Social estaba completamente llena. Mi maleta ocupaba el asiento a mi lado, esperando la llegada de algún rostro conocido que le permitiera mudarse al piso. Cruzando el marco de puerta, veo pasar a Ana y su amiga, a quien recuerdo de alguna otra clase. Me saludan y se ubican en las sillas de al frente. El profe hace su entrada, mientras escanea el salón en busca de caras familiar hasta encontrarse con la mía. Nos saludamos y conversamos un poco sobre mi nueva responsabilidad como monitora de su última clase de Teorías. Me pongo nerviosa de solo pensar que soy monitora por primera vez, pero rápidamente hago ese pensamiento a un lado y me concentro en la intriga que me genera esta nueva clase. ¿Qué puedo esperar de Investigación Social?


El profesor nos da la bienvenida con un saludo y unas palabras de apertura, hasta que se ve interrumpido por la llegada de nada más y nada menos que mi mejor amiga: Camila. Cobos la reconoce de la clase inmediatamente anterior (Teorías III) y la invita a tomar asiento. Mi maleta por fin toca el suelo. Saludo a Maraca y hablamos de cómo se perdió mientras intentaba ubicar el salón. Nuestra atención vuelve al profe, quien nos explicó la dinámica a realizar para conocernos entre todos: dibujar un objeto con el que nos sintiéramos conectados, el cuál luego sería entregado a un compañero al azar que trataría de describirnos solo con lo que pudiera percibir en el papel. Para esta actividad, decidí dibujar un tulipán morado. Mi amiga, un maracuyá un tanto abstracto. Nuestras obras de arte son intercambiadas por otros lienzos cuyo autor desconocíamos. El mío tenía un balón de fútbol, mientras que el de Camila, una figurita de Lego muy bien hecha. La hoja cuadriculada que tenía en mis manos, de repente, empezó a exhibir ciertos rasgos característicos de la persona que había realizado el dibujo. De lo que a simple vista parecía una pelota roja cualquiera, logré concluir (más allá de que se trataba de alguien que disfruta la actividad física) que, quién fuese el autor de aquel redondo elemento, era una persona sociable, pues el fútbol es un deporte de equipos; sencilla, que no presta mucha atención al detalle, ya que el trazo era desprolijo; apasionada, dado el color del esfero empleado en el dibujo; y por último, me atreví a decir que era alguien despistado, debido a que, en la esquina superior derecha de la hoja, había un rayón de esos que uno hace cuando quiere probar si un esfero tiene o no tinta (demostrando que quizás el lapicero no era suyo o fue el primero que encontró y quería asegurarse de que funcionara).

 

Los dibujos ajenos fueron recogidos por el docente, quién comenzó a regresarlos a sus dueños, uno por uno; el profe Cobos tomaba un dibujo, leía la descripción que se le había otorgado, preguntaba por la persona detrás del garabato y le pedía que hiciera una corta presentación sobre sí misma, con datos como su nombre, edad, carrera, semestre, algunos de sus hobbies, mencionar qué detalles había escuchado de la clase y cuáles eran sus expectativas de esta. En medio de las intervenciones, el profe realizaba sus propias apreciaciones. Unas fueron acertadas (como cuando nos explicó que quienes ubicaban sus dibujos al lado izquierdo de la hoja suelen ser personas introvertidas), otras no tanto (como el momento en el que expresó que una compañera podría tener una relación complicada con su papá).

 

La identidad del dibujante de la pelota roja salió a la luz y logré ubicar su rostro en uno que otro espacio en la universidad en el que alguna vez coincidimos. Al reconocerlo, estaba casi segura de que había atinado con mi descripción a ciegas, y el escucharlo afirmar que mis sospechas eran ciertas fue la validación que necesitaba para corroborar que hice un buen trabajo como investigadora por 10 minutos.

 

Justo antes de que la curiosidad matara al gato, llegó el momento de que mi bello tulipán hiciera su debut. El profe tomó mi dibujo, se lo enseñó a la clase y leyó las suposiciones que uno de mis compañeros había redactado sobre mí. Mi cara y la de Camila reflejaban la sorpresa de haber recibido una descripción tan acertada por parte de una persona totalmente desconocida. Incluso me sentí halagada por las cosas tan lindas (y ciertas) que ese desconocido logró descifrar de mí a partir de una simple flor. Continúe con mi intervención, sintiéndome un poco de vuelta a Teorías III, pues los ítems de la presentación fueron los mismos con los que me introduje hace un semestre.

 

Luego de alrededor de hora y media conociendo al resto de la clase, tuvimos un descanso de 10 minutos, antes de entrar en materia. De regreso en el 206, el profe abordó las reglas para tener en cuenta dentro de la clase y su método de enseñanza (referenciando la taxonomía de Bloom y el cono del aprendizaje), el cual recuerdo de mi primera clase de Teorías de la Comunicación III. Al terminar su presentación, Juan Sebastián planteó el primer ejercicio de bitácora del semestre (tal y como lo hizo el semestre anterior). En lugar de sentirme desanimada por la “monotonía”, considere este nuevo proceso de escritura como una oportunidad de mejora, para hacer algo diferente, para aprender de nuevo. Un pajarito me contó que tendríamos “salidas de campo”, entre otras actividades. Ese mismo pajarito se dejó coger la noche con las bitácoras y le tocó hacer el trabajo de un mes en un día, pero es también quien me genera más curiosidad por todo lo que abarca esta materia, mientras estamos en una conversación y de pronto me menciona algo que “Cobos me enseñará en Investigación Social”.  

 

Primer miércoles en la universidad, segunda clase del día y segundo primer día como alumna del profe Cobos. Son las 2:00 PM y la clase ha terminado. Tengo hambre y altas expectativas de lo que esta asignatura tiene para ofrecerme.



 
 
 

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