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Todos somos nazis

  • Writer: Maria Jose Mora Silva
    Maria Jose Mora Silva
  • Mar 29, 2025
  • 4 min read

Updated: Apr 15, 2025



¿Y si los nazis no fueron tan malos como creíamos? Adolph Eichmann fue un oficial germano-austriaco del Partido Nazi, oficial de las Schutzstaffel y uno de los principales organizadores del Holocausto. Cuando fue enjuiciado y cuestionado por los crímenes que había cometido, decía lo siguiente:


"Cumplía órdenes. No perseguí a los judíos con avidez ni placer. Fue el Gobierno quien lo hizo. La persecución, por otra parte, solo podía decidirla un Gobierno, pero en ningún caso yo. Acuso a los gobernantes de haber abusado de mi obediencia" (Di Giovanni, 2024).



Eichmann apelaba a la obediencia ciega, una tendencia a aceptar cualquier orden de una autoridad sin cuestionar las razones o consecuencias de la acción. Algo así como cuando el bullie del colegio le exige a sus "secuaces" que molesten sin motivo a un niño, o cuando este chico indefenso es sometido a hacer cosas que, aunque lo incomoden, finalmente lleva a cabo por la presión ejercida por el acosador, visto por él como alguien con el poder de decirle lo que debe hacer. Otro ejemplo común en el que se puede percibir la obediencia ciega es en el ámbito empresarial. Es normal que los directivos reciban órdenes de arriba cuando se "debe" hacer recorte de personal, dejando sin empleo a muchos trabajadores, o cuando es "necesario" clausurar una unidad de negocio rentable, o se reducen gastos con el riesgo de disminuir la calidad de los servicios prestados, o se fabrican productos que no cumplen con los estándares, o se ejerce una influencia inapropiada sobre los funcionarios públicos con la intención de obtener un beneficio (De Onzoño, s.f.), y todo esto ocurre sin que nadie objete al respecto. De igual forma, las relaciones abusivas (de cualquier tipo) ilustran cómo la obediencia ciega conduce a una persona a someterse a la voluntad de otra, incluso si le causa daño, pues el miedo, la manipulación o la creencia de que la pareja es una autoridad incuestionable anulan el juicio crítico y la capacidad de actuar en defensa propia.



Reflexionar sobre este tema de la subordinación total me lleva al siguiente cuestionamiento: ¿seguir comandos sin ponerlos en tela de juicio anula por completo la responsabilidad que tenemos con nuestros actos? Aquí me gustaría traer a colación la pregunta con la que inicié este escrito. Eichmann trató de ser absuelto de los crímenes de los que era acusado bajo la premisa de que "solo seguía órdenes". Sin embargo, fue condenado y ejecutado a pesar de esta defensa. A partir de este acontecimiento, el psicólogo Stanley Milgram, buscando determinar si lo que describía el oficial se trataba de fenómeno grupal que podría ocurrir bajo ciertas condiciones o no, llevó a cabo un experimento para medir la disposición de las personas para obedecer órdenes, incluso cuando estas llegarán a ocasionar un conflicto con su sistema de valores y su conciencia. Los resultados que obtuvo sugieren que las personas son capaces de realizar actos cuestionables bajo la influencia de una figura de autoridad. Milgram concluyó que, cuando uno actúa como un simple eslabón en una cadena de acción, resulta sencillo ignorar la responsabilidad propia y sacar la culpa del sistema (Di Giovanni, 2024).



La relación que el sociólogo examinó entre la autoridad y el seguimiento ciego de órdenes atiende a un estudio de alcance correlacional, pues se enfoca en la relación entre dos conceptos. Pero, ¿qué es eso de “alcance”? Un alcance de investigación define los parámetros y límites que tiene la investigación, es producto de la revisión de la literatura, la perspectiva en la que se basa el estudio y los objetivos del investigador. Además del alcance correlacional, existe el alcance descriptivo, en el que se busca especificar las propiedades, características y perfiles de personas, grupos, comunidades, procesos, objetos o fenómenos; el exploratorio, que examina un problema de investigación poco estudiado o desconocido; y el explicativo, donde se identifican las causas de los eventos y fenómenos físicos o sociales. Una investigación no debe limitarse a un alcance exclusivo, sino que puede tener diferentes alcances en distintas etapas de su desarrollo.



Para estudiar fenómenos sociales, psicológicos o de comportamiento, los investigadores, adicional a la selección del alcance, suelen apoyarse en herramientas que les permitan medir y analizar actitudes, opiniones o percepciones de manera estructurada. Entre estas herramientas destacan las escalas de medición, como la escala de Likert y la escala de Guttman, ampliamente utilizadas en estudios cuantitativos. La escala de Likert se basa en una serie de afirmaciones ordenadas, cada una con una puntuación cuantificable (entre 5 a 7 puntos, siendo la última opción más precisa), que permite a los encuestados expresar su grado de acuerdo o desacuerdo, lo que permite captar matices en sus posturas. Por su parte, la escala de Guttman organiza los ítems de forma jerárquica, de modo que la aceptación de una afirmación implica la aceptación de las anteriores, facilitando así la identificación de actitudes y patrones de conducta. Ambas escalas son valiosas porque permiten traducir fenómenos subjetivos en datos cuantificables, haciendo posible su análisis y comparación.



Sí Milgram hubiese considerado una escala, en lugar de un experimento, ¿habría obtenido resultados diferentes? Siendo esta una manera más estricta y distante (un simple formato, sin ningún actor de por medio) de conocer las opiniones de los participantes, ¿podrían haber sido sus respuestas condicionadas por la presión de ser categorizados como “malas personas”? No tenemos forma de saberlo, aunque sería interesante probarlo en otro contexto. Lo que sí podemos afirma es que la tendencia a actuar por inercia ante la autoridad parece estar profundamente arraigada en la naturaleza humana. Este fenómeno no solo nos motiva a cuestionarnos moralmente, sino que también abren la puerta a investigarlos desde diferentes alcances y mediante herramientas como las escalas de Likert y Guttman. Y aunque nos cueste aceptarlo, todos tenemos algo nazi en nuestro interior, ¿o acaso hay alguien que nunca ha seguido las órdenes de su mamá sin poner un pero?












Referencias


De Onzoño, S. (s. f.). La banalidad del mal y la obediencia ciega. The Conversation. https://theconversation.com/la-banalidad-del-mal-y-la-obediencia-ciega-164334


Di Giovanni, A. (2024). El experimento de Milgram: La influencia de las autoridades. NeuroClass. https://neuro-class.com/experimento-de-milgram-obediencia/

 
 
 

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